"Dar a luz" no es lo mismo que "parir" – My birth story

Energetics & Philosophy

No. No di a luz en una bañera.
Di a luz como la mayoría de las mujeres de estos tiempos. En la camilla del hospital.
Pero eso pasó muchas horas después.

Me desperté ese Sábado en la mañana y lo primero que le dije a Radu fue: “Hoy ni si quiera me siento embarazada”.

Veníamos de días de tensión ya que el doctor nos había puesto fecha para la inducción.

Estábamos a contra reloj.

Yo estaba de casi 41 semanas y teníamos plazo hasta el 25 de Octubre para que Eddy se decidiera a bajar a este mundo de forma natural.
Hicimos de todo. Acupuntura. Masajes. Rituales. Sexo. Caminamos mirándonos a los ojos como dos autistas en la terraza. En fin.


Ese día al llegar de yoga escribí esta carta:

Querido hijo,

La verdad es que el tema del parto si me ha tenido asustada.

Quizás te he estado enviado un doble mensaje.

Te quiero pero me da miedo tenerte.

Me muero por verte pero te amo allá adentro.

Hoy puedo decirte con certeza que estoy lista.

Estoy lista para lo que sea con tal de tocar tu piel y ponerla junto a la mía.

No me importa como sea el camino.

Solo me interesa el resultado: que tú estés aquí, sano y salvo.

Estoy lista para recibirte.

Confío en ti.

Confío en mi cuerpo.

Confío en mi y en mi capacidad de cuidarte y protegerte ante todo.

Confío en nuestra resilencia.

Estoy lista para tenerte en mis brazos.

Ven!

Baja!

Te estamos esperando!


Esa carta fue como un sello energético entre mi bebé, el mundo y mi misma. Pasamos todo el día en la playa.
Ambos sabíamos que sería el último sábado de ser solo pareja, sin hijo.

Tuve algunas contracciones en el mar. Tenía todas las intenciones de comenzar el trabajo de parto en el agua salada. Pero nos sorprendió un tiburón bebé y en menos de 3 segundos yo corría hacia la orilla y Radu Reckless hacia el tiburón.

Llegamos a la casa, cenamos como campeones y a las 10:03 Pm ya estábamos dormidos. Como si supiéramos lo que iba a ocurrir 19 horas más tarde.

Lo que disparó el labor fue hacer el amor. A las 12am en punto me despertaron mis propios gemidos con las primeras contracciones. Era confuso y no supe que estábamos en trabajo de parto hasta varias horas más tarde.

Como a las 2am desperté a Radu y me metí al jacuzzi. La percepción del tiempo se comenzó a distorsionar y me acuerdo de su cara sentado en el banquito cayéndose del sueño.

Estuvimos varias horas de la poceta al jacuzzi, del jacuzzi a la cama, ida y vuelta. No sabíamos si es que nos había caído mal el pasticho o si nuestro hijo realmente estaba en camino.

A las 5am decidimos avisarle a Paola, nuestra Doula. Con quien yo practique yoga prenatal durante todo mi embarazo y también fue la que nos guió en nuestro curso personalizado de HypnoBirthing.

Mis contracciones ya tenían un ritmo fijo.
Cada 5 minutos por reloj venía la ola.
Duraban entre 40 segundos y 1 minuto 10.
Variaban en intensidad y yo las iba vocalizando en un gemido inagotable que duro 17hrs y 3 minutos en total.

Cuando subía la ola yo gemía “Aaaaaaaaahhh” hasta llegar a su pico.
Cuando comenzaba a bajar el canto se transformaba en un “Hhmmmmmmm” que se podía confundir con un sonido de placer... era la sensación de alivio de saber que ya se estaba acabando. “Una menos” me decía Radu. “Una menos”.

Salimos a la terraza. Me senté en la bola de pilates. Camine. Vimos desde el balcón cómo una grúa se llevaba toweado el carro de Paola y Radu bajo corriendo a “hablar” con el policía. Paola entró en pánico. Yo le expliqué con 3 palabras que mi esposo “haría su magia”. Fue la primera vez que hablé en mucho tiempo.

5 minutos más tarde vimos a la grúa VOLVER! Paola no lo podía creer. Pero yo si! Estoy acostumbrada a ese tipo de Radusadas.

Volví a la cama y creo que dormí.

Mis contracciones incrementaron en intensidad y estaban ahora a 3 minutos de separación. Yo estaba presente y a la vez estaba completamente en otra dimensión.
Podía escuchar las conversaciones entre Radu y Paola, pero prefería no intervenir. Estaba demasiado sumergida en mi interior.
Visualizando a mi hijo bajar y atravesar el canal de la vida.
Al oír el cambio de mis canciones Paola dijo que era hora de ir al hospital. Me alegré de saber que ya pasaríamos a otro stage.

El camino fue HEAVY.

40 minutos que se contaron en 13 contracciones. “En 3 contracciones llegamos” me decía Radu mientras Paola me aguantaba la cabeza para que no se me saliera del cuerpo.

Entramos por la entrada principal y no quise agarrar silla de ruedas. Caminar intensifica la cosa. Tuve una contracción gigantesca en pleno lobby apoyada sobre el counter de la recepción. Todos pasaron pena menos yo :)
El problema fue que como era Domingo, estaba cerrado el acceso directo desde la entrada principal hasta emergencia.

Imagínate esto: tuvimos que SALIR del hospital y caminar por la CALLE, con los carros y ese solazo de Domingo bordeando la manzana hasta llegar a donde teníamos que haber entrado desde un principio. Por suerte para ese momento ya me habían convencido de usar silla de ruedas... de no ser así, puede que todavía estuviéramos tratando de llegar.

Llegue con casi 7CM de dilatación al hospital.

Y allí me estanque mientras me admitieron y chequearon al bebé. Apareció mi mamá y me encantó tenerla cerca.
Estar pegada al monitor y conectada a la vía recibiendo suero boca arriba fue TERRIBLE.
Se enlenteció mi progreso y me sacó de ese estado inalterable en donde había permanecido desde la noche anterior.

Esperamos a que me trasladaran a la sala de parto y me volvieron a chequear. Estaba todavía en 7CM. Vino el doctor y me ofreció romperme la bolsa para acelerar el proceso pero yo no le acepte la oferta. Preferí confiar en mi cuerpo y en mi bebé. No es lo mismo hueso contra hueso que bolsa contra hueso a la hora de empujar... En lo que se fueron las enfermeras por fin pude cambiar de posición y ayudarme con la fuerza gravedad. Quien diría que la poceta fue mi aliada para volver a mi estado mental de soltar y dejar ir.

Entre Radu y Paola me hacían masajes y me recordaban con cada contracción: “Déjala que llegue. No la resistas. Es una energía”. “Respira por la nariz. Una menos”. Sentada en la poceta bote el tapón y entendí porque lo llaman “the bloody show”. Poco después entré en “transición”.

Las contracciones uterinas se hicieron más evidentes y no puedo negar que hubo algo de placentero en ese momento. Sentí ganas de pujar y nadie me creyó. Bueno, con nadie me refiero a las enfermeras. Que se volvieron como locas cuando les dije que yo iba a pujar de todas formas y cuando decidieron chequearme estaba lista en 10CM y 100% del cuello borrado.

Todas se alistaron para atrapar al bebé en caso que el Doctor no llegase a tiempo.
En fin, llego el Doctor y esa parte fue una de mis favoritas. Ya quedaba poco! Que emoción!!

Lo que no sabíamos es que aún faltaban 2 horas!!!

Entre ola y ola pude soltar un “Hello Doc. Nice to meet you”. Cambie 2 veces de obstetra en el embarazo y cuando llegó la hora, mi doctor se fue de viaje y me tocó un desconocido.

What a blessing. LO AMÉ!

No me paro de hacer perineal massage y eso evitó que me rasgara o me tuviera que hacer una episiotomía.
Puje con todas mis fuerzas! Pero Eddy se asomaba y se volvía a esconder.

“Es peludito” “Ahi viene”. Pero no.
Comenzamos a jugar con el tiempo.
Había un reloj enorme en la pared.
Radu me decía “quieres un bebé 4:20?”
Pujaba con todo pero nada.
“Okei, okei, te gusta 4:44?”.

Teníamos un Arsenal de enfermeras en el cuarto. Casi ninguna había visto un parto sin anestesia y ninguna se quería perder ese show.
En algún momento solté mi primer “I can’t”. Todos se rieron en mi cara. “What? Llegaste hasta acá y ahora vas a decir que no puedes?” WTF Vanessa.

Eddy nació el 21 de Octubre a las 5:03PM.

Justito después de yo haber roto fuente de forma natural.
Primero nació su cabezita peludita. Y tuve que esperar para parir su cuerpo 3 infinitos minutos porque venía con el cordón enredado al cuello. Let me tell you. The ring on fire. IS REAL! Que sensación tan loca!

Me lo pusieron en mi pecho y lloramos de felicidad! Ahora somos una familia de 3.
Disfrute cada instante de mi trabajo de parto.

Cómo?

No quejándome NUNCA. En ningún momento salió algo negativo de mi boca.

Tratando de buscar en cada contracción que había de placentero.

Eliminando el “no puedo” de la ecuación.

Entregándome por completo a la experiencia sin miedos.

Eliminando pensamientos de desesperación.

Conectando con mi bebé de forma intuitiva.

Visualizando el birth canal y mi cervix expandiendo.

Focalizando la sensación de las contracciones y enviando toda mi atención hacia ese lugar.

Teniendo el mejor equipo: mi esposo al que siempre estaré agradecida por haberme cuidado como lo hizo. A Paola. Por su cariño y ternura. Sus masajes y su guía. Sus aceites y su motherly touch. A mi mamá. Por estar sin estar. Y estar pendiente de la parte médica. A mi familia, a quienes no permití entrar a la sala de parto pero igual se colaron. A mi hijo, por ser como es. Van 11 días pero ya me ha dado TANTO. Tanto. TANTÍSIMO. A mi doctor y a la ciencia. Al principio yo quería un parto en casa. Pero una vez más, tuve lo mejor de los dos mundos.

Si se puede!

Con amor, Vane

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It was the sensation of noticing my breath during the delivery of my daughter that I became aware of how my body will be changed forever. As she was lifted from my belly and they were cleaning her up, I noticed my breathing becoming more challenging.

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